Requiem para Los Prados y La Castellana


Yo

Viví 20 años en La Castellana, en una casa hecha a mi imagen y semejanza. La escala era perfecta, con espacios ni apabullantes ni pequeños, y mucho color en las paredes atisbadas de cuadros. Las reglas eran mías, el jardín  de mi esposo, el arquitecto que la había diseñado.

La Castellana es un lugar sumamente residencial y tranquilo, cuyos únicos problemas son la frecuente obstrucción de sus filtrantes en tiempos de aguaceros (ya que el barrio está situado en una hondonada al igual que Los Prados, su vecino) y el hecho de que en los últimos años se multiplicaron los robos, por la proximidad con Los Praditos, un sector bastante controversial y por demás hiperpoblado, lo cual nos obligó a tener serenos, poner alarmas, y mantener los portones otrora abiertos, casi clausurados.

Fui reina y señora de esa bella casa durante muchas vueltas al sol. Dos ojos enormes de cristal filtraban el cielo hacia cualquier ángulo de los rincones y paredes de la primera planta, y una columna, que siempre mantuve roja, se erguía en el centro del todo que mi marido concibió con su enorme talento, sosteniéndose sobre los pisos de un mármol tan pequeño como yo misma, amables con una dueña que gusta siempre de andar descalza por la vida y por su casa.

La escalera-escultura, que tantos elogios suscitó siempre, serpenteaba entre mis colores primarios y sus degradaciones: azul de Frida, rosado de crayola, amarillo pollito, rojo chino, etc., enmarcaban las muchas puertas y ventanas. En el jardín de Harry se emplazaba vibrante mi piscinita en los veranos, bajo los cocos que se encampanaron y junto a las orquídeas que con esmero y mucho celo él cuidaba.

Allí crecieron mis hijos y algunos de mis libros, y aceptábamos el hecho de que cuando llovía en La Castellana se inundaban las calles, porque estábamos juntos. Éramos una familia, y esa era nuestra casa.

Ante la indiferencia acostumbrada de las instituciones responsables, los propietarios de viviendas en mi calle nos reuníamos para pagar a compañías privadas que venían a rescatarnos cuando nos inundábamos.

Con algunos amigos entre los vecinos, uno que otro perro y hasta alguna vez un gato, cuando la lluvia nos aislaba cocinábamos sopas de habichuelas blancas, leíamos, cantábamos, peleábamos y llorábamos.

Pero vida fue creciendo de manera tal que las paredes no pudieron contenerla y se fue escapando por las muchísimas puertas y ventanas. Comenzamos a irnos poco a poco.

Primero fue Trilce, luego Pavel y un poquito después Carla. Se avecinaba la partida de Harry Luis a estudiar fuera, así que nos mudamos al lugar donde crecí, Arroyo Hondo, en un departamento pequeñito que me encanta, para no desplumarnos en un nido lo suficientemente grande como para ahogarnos en ausencias.

Soy de esas personas que no tienen regreso…. casi nunca. Por eso no camino mucho por algunas nostalgias, y la verdad es que para mí La Castellana empezó a sentirse muy lejana. Pero en un cruce fortuito por allí, lo que encontré apenas un año después de mudarme me produjo una inmensa sensación de tristeza y de impotencia.

¡Cuál no sería mi sorpresa cuando me tropecé con una de las calles laterales del Club de los Prados, la Max Henríquez Ureña, COMPLETAMENTE obstruida, inútil, cerrada, pudriéndose! Perpendicular a la avenida que separa Los Prados de La Castellana, lo que antes fue una calle residencial ahora aparece como una cañada de fango, desperdicios, decadencia, miseria y bascosidades.

No quise pecar por omisión y decidí traer al blog estas imágenes. Es una pequeña forma de resistencia y un homenaje al lugar donde habité los años más importantes de mi vida familiar. Creo que las fotos hablan por sí solas. “Este es un país que no merece el nombre de país, sino de tumba”, dijo una vez Don Pedro Mir, y así me sentí allí, tan cerca de la que fue mi casa.

No me extraña ver aquellos barrios donde crece la pobreza junto a la basura sucumbir en muy lentas muertes. Hemos tenido unos gobiernos bastante indolentes frente a la gran indefensión de las grandes mayorías que sobreviven apenas a la miseria. Así, los ladrones de DVDs y de televisores plasmas son frecuentemente linchados en el lugar de los hechos, cuando los encuentran con las manos en la masa, pero los ladrones ricos, los de apellidos rimbombantes, los políticos corruptos, los evasores de impuestos y los traficantes de vergüenza, esos, aun siendo no ladrones sino ladronazos, son hasta respetados.

Decía que a nadie sorprende ver un barrio de la parte alta de la ciudad arrasado de mugre y de desesperanza. Después de todo, nuestro síndico Roberto Salcedo tiene muchísimo tiempo para jugar golf en Guavaberry, pero esos callejones las únicas veces que los transita es encaramado en una jeepeta durante las campañas.

Esta ciudad nuestra, que está siendo asquerosamente mal administrada ante los ojos impertérritos de sus hastiados habitantes, ha comenzado a avanzar en una descomposición que, si no hacemos algo,  terminará arropándola como una telaraña gigantesca en la que todos quedaremos atrapados. Como muestra un botón: esta calle que traje retratada; como moraleja uno de los refranes favoritos de mi madre: “Cuando veas la barba de tu vecino arder pon la tuya en remojo”.

Digo estas cosas y siento la impotencia temblándome en las puntas de los dedos. Es que sé que para alguna gente que ha pagado muy caro el precio del abandono, la demagogia, la corrupción, el autoritarismo y la depredación a que nos han sometido nuestros own private infames, autodenominados políticos, lamentablemente se va haciendo demasiado tarde.

Para algunos niños del hambre, de esos que viven en los pequeños vertederos administrados por nuestros flamantes ayuntamientos, la suerte está echada. Otros, desgraciadamente, ya están muertos y enterrados.

A lo mejor se conduelen un poco ahora que la fetidez está llegandoles tan cerca a ciertos renombrados. Después de 20 años viviendo por allí conozco a algunos….. de esos desgraciados.

© Martha Rivera-Garrido

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Acerca de marthariveragarrido

Escritora dominicana
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7 respuestas a Requiem para Los Prados y La Castellana

  1. tia viva dijo:

    Por aquello de que a nadie le molesta tu arañazo sino a ti…. cada uno se hace de su propio mundo, se facilita y procura sus cosas,,,,claro sin descuidar el pago de facturas PARA QUE NO TE PONGAN EN CICLA….porque tienes una planta o un inversor pero tienes que pagar las EDES….tienes tinaco y cisterna..y pagas la CASSD…..y pagas la basura aunque no entres en los programas de LIMPIA del ayuntamiento y para no ver el tanque lleno debas pagar al tipo que se encarga de eso en tu sector….
    Cortaron los flamboyanes de la Tiradentes….y a quien importa?
    Dejaron un hoyo en la 27…..y a quien le importa?
    Se rompio un tubo en Gazcue y hay un mar que baña la Benito Moncion, y a quien le importa?
    Y una zanja en la Nuñez de Caceres….y a quien le importa???? si con todo eso….siempre habra los que se sientan privilegiados y protegidos y griten a viva voz E´PA ´LANTE QUE VAMOS….

  2. martha dijo:

    se^ora permitame kitarme el sombrero ante ud!… cuantas verdades y k valor de llamar las cosas por su nombre….nuestro pais cada dia mas se entierra en un cementerio de olvido y dejadez, causada por la corrupcion de los politicos.

  3. Enrique Pou Sanchez dijo:

    Que pena como se descuaja el irreverente crecimiento de nuestra ciudad entre los barrios que nos retuercen nuestros recuerdos, la vida se multiplica en pocilgas y vertederos donde, anteriormente jugaban los hijos de Santo Domingo que ahora se desborda en una olla de bolsillos podridos, mosquitos,ratas, arrabales y palos sin ritmos ….nuestra ciudad donde por faltarle la tapa a una alcantarilla se pierde la vida de un Ingeniero…..y mil verdades mas….

  4. frida bethania dijo:

    Y es que no hay juntas de vecinos? No hay represalias en torno a los supuestos lideres electos que no cumplen? Quienes se ocupan de concientizar, educar, movilizar un cambio masivo de una cultura que grita, grita, grita y los responsables se hacen sordos mientras viven como ‘dioses’ en sus castillos disfrutando de los privilegios que se les otorga. Me sacaron de mi tierra en mi ninez.. Llevo cuatro decadas residiendo fuera…visito a menudo y siempre esa constante de la basura, la falta de higiene, el deterioro, el abandono, el silencio apestoso… las pocas campanhas para actuar colectivamente. Me produce asco, tristeza, verguenza, rabia e impotencia cuando con anoranza y emocion llego al pais y me recibe el eterno mal olor desde que pongo pie seguida salgo del aereopuerto…Ni la bella costa de la cabellera del Mar arrastra la pudricion pesada en el aire….Me viene siempre a la mente Pedro Mir….Hay Un Pais en el Mundo y la imagen es chocante….Me comforta la esperanza en creer que cada cual necesita ser fuerza activa de estos cambios, sea comenzando en su barrio y uniendo fuerzas para trabajar en conjunto y presionar a los que deben responder a estos problemas, sino exigirles que abandonen su puesto y permitan que otro le de cara a solucionar esta situacion. Si pueden construir tantas torres y casas, por que no dar mantenimiento a los acueductos, alcantarilladas..desperdicios y el fracatan de sistemas necesario para proteger a los habitantes? Mas accion y menos blah blah blah…

  5. Alexia Cuellar dijo:

    Martha, he leído tu artículo con sumo interés. Qué barbaridad, la ciudad que yo dejé hace casi cinco años no es sombra de lo que yo dejé. Sólo hace cinco añitos! Cuando estuve de visita en febrero de este año me sorprendió ver lo mucho que ha crecido, pero así también lo desamparada que esta la ciudad de alguien que ponga orden, la limpie y le duela…Lástima que los recursos tomen otro camino para engordar los bolsillos de unos. Hasta cuándo???

  6. Motika dijo:

    He llegado aquí por casualidad y espero leerte con frecuencia. Cuanta impotencia sentimos los habitantes de esta ciudad, de este país. Como habitante desde 1974 del sector Los Prados y como capitaleño me siento profundamente identificado con este artículo. Disiento en una sola cosa, los robos y atracos no necesariamente son perpetrados por habitantes de “Los Praditos”, sino por ladrones que vienen y van de cualquier otro sector.
    Otra cosa, a los terribles males que nos aquejan debemos agregar que el lenguaje de la calle de nuestra ciudad es ahora el “creole”, solo basta salir a caminar por cualquier calle y mas del 50% de los que te pasan por tu lado son haitianos. El requiem debe ser no solo por Los Prados y La Castellana, sino por nuestro país completo.

    • Azulito dijo:

      Maltha
      ¿Te acuerdas de la “Corriente Azul” de la CDE?
      Estoy seguro que si…eres demasiado, romántica, emocional, pasional, parlachina, triste o ¿sentimental? colérica y principalmente poeta…
      Te va alegrar casi toda tu vida si escribe a maerfeo@gmel.com para saber quien te escribe y te contestare con tan solo decir a quien le voceaste hasta un 5to piso “Tu mardita madre”

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